Los primeros 40 días del bebé

Los primeros 40 días del bebé

 

Por: Patricia Robles Cervantes

Entre visitas, enfermeras y emociones, no entiendo muy bien qué es lo que sucede. De pronto me encuentro a la salida del hospital, con mi bebé, mientras mi esposo hace los últimos trámites de salida. Le pregunto si los bebés no tienen garantía o por lo menos un instructivo, algo que me diga cómo tengo que cuidar a mi hijo los primeros meses, o ¿debería de decir toda la vida?

¿Qué tipo de cuidados son los que necesita un recién nacido y en qué puntos habrá que poner atención? Dividiremos el cuerpo en partes para que la explicación sea más clara.

Pero antes dos cosas, aunque se vean frágiles los bebés no se rompen, hay que tratarlos con mucho cuidado y con cariño, pero no exagerar.

CABEZA: La cabeza del bebé no es dura como la de nosotros, pues lo huesos del cráneo aún no están formados o unidos, existen unos espacios blanditos, llamados fontanelas o molleras, que sirven para que la cabecita se amolde en el momento del nacimiento y para un crecimiento adecuado del cerebro.

Las recomendaciones para el trato de la cabeza del bebé son:
-Sujetarla bien pues no tienen fuerza para detenerla.
-No mantenerlos apoyados todo el tiempo del mismo lado o en la misma postura.
-La obvia, la cabeza del bebé es frágil, hay que evitar golpes y jaloneos.

CARA:
Ojos: en caso de lagañas blancas, hay que limpiarlos con agua hervida y tibia (siempre que se vaya a usar agua con el bebé, para cualquier cosa, es recomendable revisar la temperatura) con un algodón, siempre del lagrimal (junto a la nariz) hacia fuera. En caso de que aparezcan lagañas verdes es necesario consultar al médico pues son señal de infección.

Nariz: se limpia sólo por fuera, únicamente si hay secreción se intenta limpiar con cuidado con la mano. Si no da resultado se introduce gentilmente el aspirador nasal para sacar la secreción.

Boca: se limpia alrededor de ésta y las comisuras con un algodón húmedo.

Orejas: se limpian sólo por fuera, no se deben de introducir hisopos.

Cara y mejillas: se limpian sólo con algodón y agua.

TORAX:
Cordón umbilical: se debe secar con una gasa estéril y posteriormente aplicarle merthiolate blanco, de preferencia en spray. Es bueno también verificar que caiga en la base y alrededor del ombligo, no sólo por encima. Hay que procurar dejar el cordón fuera del pañal y sin nada encima para que se seque bien. Generalmente se cae solo entre los ocho y doce días después del nacimiento.

Cambio de pañal: se debe de limpiar cada vez que el bebé coma. Hay quien dice que de preferencia antes y hay quien dice que después. En este punto los primeros días hay que intentar de las dos formas, pues hay bebes que “hacen-comen-duermen” y hay bebés que “comen-hacen-duermen”. Por medio de observación “pregúntenle a su bebé”, el objetivo es que se duerman limpios.

Se puede limpiar al bebé con toallitas húmedas o con algodón y agua. Personalmente, utilicé toallitas húmedas pues el algodón, aunque es más económico, deja pelusas en la piel del bebé.

Se debe de limpiar siempre de adelante hacia atrás, especialmente en las niñas.

En los niños es recomendable poner un pañal limpio abajo del sucio. Una vez retirado el sucio, cerrar el nuevo de vez en cuando, pues les da frío y suelen orinar o mejor dicho, disparan.

Otra recomendación básica: siempre que cambiemos al bebé es importante que la “ropa vaya al bebé” y “no el bebé a la ropa”. No hay por qué torcer brazos y piernas.

REFLEJOS:
Los bebés nacen con reflejos primitivos o respuestas intuitivas a estímulos como el tacto, la luz y los sonidos. Conforme el bebé va madurando, van desapareciendo.

Estos reflejos son:
El del “moro” o sobresalto: cualquier estímulo fuerte, ya sea sensorial, de ruido o luz provocan una reacción en el bebé que consiste en extender pies y manos súbitamente y luego replegarlos al tronco.

El reflejo de succión: succión fuerte de cualquier objeto que se acerque a la boca. Esta es la forma que tiene el bebé de alimentarse.

Reflejo de presión: es fácil sujetar pero no soltar, este reflejo consiste en apretar los dedos si se le acerca cualquier objeto a la mano.

Debido a la inmadurez del sistema nervioso, es muy normal que cuando el bebé llore le tiemblen las extremidades y la boca.

Durante las primeras semanas de vida, los bebés pasan la mayor parte del tiempo dormidos.

PUNTO IMPORTANTES:
Temperatura: Los recién nacidos tienen generalmente la nariz, las manos y los pies fríos, por lo tanto estos no son buenos medidores de temperatura. Hay que tocarle la nuca o el abdomen para verificar. Si tenemos duda hay que tomarle la temperatura. La axilar oscila entre 36.5 y 37.5ºC; la rectal oscila entre los 37.5 y 37.7ºC.

Comidas: los bebés comen aproximadamente seis veces al día. Si estás amamantando comen cada tres o cuatro horas aproximadamente y si toman fórmula comen cada cuatro o cinco horas, pues la leche de fórmula es más pesada que la de mamá.

Posición del bebé: los bebes deben comer y dormir con una inclinación de 45 grados. Siempre boca arriba, según la pediatría contemporánea.

Corte de uñas: las primeras semanas las uñas de los bebes son muy delgadas por lo que se recomienda cortarlas con unas tijeritas especiales o rebajarlas con una lima.

Orina: si el bebé está bien hidratado debe orinar de seis a ocho veces al día. Si tienes duda de cuántas veces está orinando el bebé debido a que los pañales son muy absorbentes, coloca una gasa dentro del pañal, alrededor de sus genitales o huele el pañal.

Evacuaciones: las primeras evacuaciones del bebé se llaman meconio, son de color verde muy oscuro, pegajoso y sin olor característico. Las evacuaciones de leche materna son amarillo mostaza y líquidas, en promedio ocho en un día, si los bebés toman leche de fórmula son más sólidas y oscuras.

El llanto del bebé: aunque escuchemos a lo largo de nuestra vida llorar a varios bebés y nos resulten todos los llantos, digamos, igual de molestos, resulta que con la paternidad además de dejar de ser molesto el llanto, también toma una dimensión específica, pues se va reconociendo poco a poco por qué llora el bebé y nos es más fácil satisfacer las necesidades de nuestro hijo.

Lo más importante de todos los cuidados de un recién nacido o en general de los hijos, lo más importante de todo, repito, es aprender a escuchar a nuestro hijo. Por más simple que suene, ellos son los que nos enseñan poco a poco cuáles son sus necesidades y cómo podemos atenderlas.

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